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Los Korubo

En 1999 tuve la oportunidad de acompañar al corresponsal para América Latina de la revista Der Spiegel, Jens Glüsing, en un viaje hacia los ríos Ituí e Itaquaí en el valle Yavari en Brasil. Acompañamos a Sydney Possuelo, El Último Aventurero de la Amazonía. Como directivo de la FUNAI (Fundação Nacional do Índio), Sydney estaba encargado de manejar las relaciones con los pueblos indígenas no contactados.

En aquella época, un grupo de apenas 23 personas se había dividido del pueblo Korubo que vive en el valle. Ellas buscaron contacto con la estación de la FUNAI porque tenían muchos problemas de salud, principalmente con la malaria.

Nuestro breve contacto con ellos se dio ya casi en la noche y fue muy rápido. Para mí, fue una experiencia indescriptible, algo que marca a una persona para siempre. Estar con personas absolutamente inocentes e ingenuas en la selva, que es su hábitat. Tienen algunas herramientas de caza, que garantizan su comida al obtener carne. Esta, junto a la recolección de frutos y semillas, es la base de su existencia.

La sensación de alegría que se siente en ellos, que brota desde muy adentro y que es su forma de ser, me dejó profundamente perplejo… Tienen la inocencia que nosotros ya hemos perdido.

Debido a la hora en que estuvimos con ellos, debí usar un pequeño flash en la cámara. Los Korubo trataban, como jugando, de atrapar con sus manos esas pequeñas “bolitas de luz” que salieron del flash y se mataban de risa al ver que sus manos se mantenían vacías.

 

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