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Parque de la papa

 

Las alturas de los Andes –desde 3,500 hasta casi 5,000 msnm– son la cuna del tubérculo más importante en la alimentación mundial. Desde el Callao salió la papa en su viaje al mundo y conquistó Europa más rápido que Europa las Américas.

Por lo general, las papas nativas son de tamaño mediano, muy harinosas, muy sabrosas, pero difíciles de pelar por su forma. Existen más de 3,000 variedades. Debido al bajo rendimiento por hectárea de estos tipos de papa, hubo momentos en que los productores quisieron cambiar las semillas por las de papa híbrida, que madura en tres a cuatro meses y es más productiva.

Actualmente, el cambio climático acorta el ciclo entre el inicio de las lluvias y el de las heladas; la papa nativa por su parte demora seis meses en madurar y no soporta fertilizantes ni insecticidas. Por ello, la frontera agrícola aumenta y estas variedades de papa escapan de las plagas en las zonas más cálidas.

En 1971 se creó el Centro Internacional de la Papa, CIP, apoyado por el CGlAR, con presencia en treinta países. Más de dos décadas después, desde fines de los años 1990, un grupo de cinco comunidades quechuas en Písac, Cusco, iniciaron el Parque de la Papa. Allí, las familias cultivan un total de 1,300 variedades de semillas provenientes del CIP y con el apoyo de la Asociación Andes de Cusco. Es la primera vez que se recupera masivamente semillas desde el germoplasma del CIP para abastecer a comunidades andinas con nuevas semillas.

La papa nativa no solamente es la garantía de que en el mundo no va a faltar papa para comer, sino que este tubérculo se ha convertido en símbolo de la cultura andina y es hoy todo un éxito de exportación.

 


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